Los afroamericanos y los latinos sienten un dolor más intenso que los blancos, incluso cuando el estímulo sea el mismo en todos los casos, según un estudio científico difundido en la revista especializa Nature Human Behaviour, el cual vincula esas diferencias con la experiencia de discriminación.

El reporte, a cargo de la neurocientífica Elizabeth Losin, de la Universidad de Miami y antes en la Universidad de Colorado, examinó la actividad cerebral de personas de distintos orígenes étnicos sometidas voluntariamente a idénticos estímulos dolorosos.

Losin y su colaborador, Tor Wager (del Departamento de Psicología y Ciencias Cerebrales del Colegio Dartmouth), encontraron que, contrariamente a lo que incluso muchos expertos afirman, los afroamericanos y los hispanos “resultan más sensibles al dolor”.

Para llegar a esa conclusión, Losin y Wager contaron con 88 voluntarios (28 afroamericanos, 30 latinos y 30 blancos no hispanos, todos ellos de Denver) a quienes administraron cuatro rápidos toques con un termodo (aparato de laboratorio calentado a una temperatura precisa: 118ºF/47ºC) en la sien izquierda.

Simultáneamente, usando imágenes de resonancia magnética multifuncional (fMRI), se estudió el denominado circuito neurológico del dolor, es decir la percepción del estímulo en el córtex prefrontal del cerebro.

El análisis mostró que ese circuito resulta más activo en los grupos étnicos mencionados, por lo que, cuando el circuito determina la intensidad del dolor, así como su potencial duración y la posibilidad de controlarlo, el resultado es más intenso para los afroamericanos y latinos que para los blancos.

Una posible explicación de esa disparidad, según Wager, es que el “punto caliente” (hot spot) del dolor en el cerebro reacciona no solamente al estímulo en sí, sino que conecta ese estímulo con dolorosas situaciones similares del pasado que generaron ansiedad a las personas de los grupos minoritarios. Es decir, discriminación.

Por eso, el mismo circuito cerebral que habitualmente puede aliviar el dolor, en el caso de los afroamericanos y latinos hace que el dolor se vuelva más intenso. Y no se trata de un dolor ficticio ni exagerado. Llevado al extremo, el dolor puede volverse crónico.

“Los afroamericanos y los latinos son más sensibles al dolor y eso se correlaciona con su experiencia de discriminación. Eso es lo que muestra nuestro estudio”, dijo Wagner.

Sin embargo, reconoció, este es solamente un estudio (posiblemente el primero) que conecta los mecanismos neurobiológicos de sensibilidad aumentada del dolor con estados mentales y emocionales. Y el estudio contó con un número reducido de voluntarios. Por eso, nuevas y más amplias investigaciones son necesarias para confirmar las conclusiones.

Losin enfatizó que sus investigaciones no fueron ni sobre raza ni sobre biología, sino sobre el ambiente en el que las personas experimentan el dolor.

Por ejemplo, otro estudio realizado por Losin (que se difundirá próximamente) parece indicar que si quien administra el “dolor” (usando el termodo) es de la misma etnicidad que el voluntario, la percepción del dolor resulta igual entre todos los participantes, sin importar su etnicidad.

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