Mamparas de plástico y millones de mascarillas aparecieron el lunes en las calles de las ciudades europeas que reabrían sus negocios.

Francia y Bélgica salían de sus cuarentenas, Holanda envió a los niños de vuelta a la escuela y Grecia y España suavizaron más sus restricciones. Todas buscaban el delicado equilibrio de reactivar sus maltrechas economías sin provocar una segunda oleada de infecciones del coronavirus.

El distanciamiento social estaba a la orden del día, pero la gran pregunta era cómo mantenerlo en el transporte público y las escuelas.

Dentro de su apertura parcial, los franceses no necesitaban formularios que les autorizaran a salir de casa, pero no tardaron en formarse multitudes en algunas estaciones de metro de París, uno de los focos de infección en el país.

Una iniciativa legal de último momento impugnó la orden del gobierno de confinar a la gente a sus regiones, añadiendo confusión en el panorama tras la cuarentena. Antoinette van Zalinge, directora de la escuela elemental De Notenkraker en Ásmterdam, llevaba una amplia falda blanca, un hula hoop colgado del hombro y un largo palo con una mano en el extremo para poder estrechar la mano a sus alumnos manteniendo la distancia de metro y medio (5 pies).

En París, los peluqueros practicaron la nueva rutina durante el fin de semana antes de la reapertura del lunes, y tenían previsto cobrar una “cuota de participación” por el nuevo material desechable que necesitarán para cada cliente. Los clientes que llegan sin reservar serán una cosa del pasado, dijo Brigitte L’Hoste, gerente del salón “Hair de Beauté”, que espera tener la mitad de citas de lo habitual.

“El rostro de la belleza cambiará, lo que implica que las clientas no vendrán aquí a relajarse. Las clientas vendrán porque lo necesitan”, dijo Aurelie Rollini, empleada del salón de belleza. “Vendrán y querrán hacerse todo lo posible en el menor tiempo posible”. En torno a la mitad de los 47 millones de habitantes en España entraron en una versión más leve del estricto confinamiento en el país, empezando a socializar, comprar en pequeños comercios y disfrutar de las terrazas en bares y restaurantes. Pero sus principales ciudades, Madrid y Barcelona, seguían confinadas.

El temor a nuevas oleadas de infecciones se alzaba en Alemania, donde se ha vinculado un foco de infección a un matadero; en Wuhan, la ciudad china donde comenzó la pandemia, y en Corea del Sur, donde se vinculó un único cliente de clubes nocturnos con 85 casos nuevos. El gobierno surcoreano luchaba con fiereza contra un rebrote, paralizando la reapertura de escuelas prevista para esta semana y reintroduciendo las restricciones a bares y clubes nocturnos.

Ahora trataba de localizar a 5.500 personas que visitaron un popular barrio de ocio de Seúl revisando las operaciones con tarjetas de crédito, registros de celulares e imágenes de cámaras de seguridad. El estado más populoso de Alemania reabrió los gimnasios, aunque las autoridades allí y Francia han advertido que cualquier revés en la cifra diaria de infecciones podría conllevar nuevas restricciones. “Vamos a tener que aprender a vivir con el virus”, dijo el ministro francés de Salud, Olivier Veran, en BFM television.

Los obstáculos que esperan a los sectores de servicios y turismo estaban claros, incluso en lugares donde las infecciones han bajado. Shanghai Disneyland reabrió al público, pero con límite de aforo, mascarillas obligatorias y controles de temperatura corporal en la entrada. “Esperamos que la reapertura de hoy sirva como un rayo de luz en todo el planeta, que lleve esperanza e inspiración a todo el mundo”, dijo a la prensa el presidente del Shanghai Disney Resort, Joe Schott.

En Gran Bretaña, que tiene la peor cifra de muertes por coronavirus en el mundo por detrás de Estados Unidos, el primer ministro, Boris Johnson, anunció una leve relajación de la cuarentena, aunque instó a los ciudadanos a no ceder el terreno ganado. Sin embargo, el gobierno confundió a algunas personas al cambiar su lema, de “quédese en casa” a “manténgase alerta” en Inglaterra, mientras que Escocia, Gales e Irlanda del Norte mantenían el lema anterior. Los que tengan empleos que no puedan hacerse desde casa “deben ser instados de forma activa a ir a trabajar” esta semana, señaló Johnson.

También marcó como objetivo el 1 de junio para empezar a reabrir escuelas y comercios si Gran Bretaña puede controlar las nuevas infecciones y la tasa de contagios por persona infectada. Johnson es el único jefe de gobierno del mundo que se ha recuperado tras enfermar de gravedad de COVID-19. “Nos guiaremos no por la mera esperanza o la necesidad económica”, dijo. “Vamos a guiarnos por la ciencia, los datos y la salud pública”. En Estados Unidos, miembros del gobierno de Donald Trump se mostraron optimistas sobre un rebote relativamente rápido del virus, aunque después tuvieron que anunciaron que el vicepresidente, Mike Pence, estaba en “aislamiento voluntario” después de que uno de sus colaboradores diera positivo en el virus.

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin, predijo que la economía estadounidense se reanimaría en la segunda mitad del año tras sufrir tasas de desempleo que rivalizan con la Gran Depresión. Otros 3,2 millones de trabajadores estadounidenses solicitaron prestaciones de desempleo la semana pasada, elevando el total de las últimas siete semanas a 33,5 millones de personas. Estados Unidos ha registrado 1,3 millones de infectados y casi 80.000 muertes, la cifra más alta del mundo por mucho, según el conteo de la Universidad Johns Hopkins.

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