En las dos entregas anteriores de esta columna nos explicaban las diferencias entre el niño quisquilloso, o en buen dominicano mañoso, y el altamente selectivo. Hoy nos vamos a enfocar en este último grupo.

El trastorno de la ingesta de alimentación altamente selectiva o ARFID por sus siglas en inglés, es a la vez un trastorno sensorial y un trastorno de la alimentación. Todavía resulta relativamente poco conocido, incluso entre profesionales de la salud, pues apenas fue descrito por primera vez en la edición del 2013 del DSM-5, el manual para diagnóstico y estadísticas de las enfermedades que afectan la conducta. Anteriormente era conocido como trastorno de alimentación selectivo.

Una de las características que se presentan en el ARFID es la ingesta insuficiente de nutrientes y calorías, lo que conlleva a fallos en el crecimiento y desarrollo en los niños y en algunas funciones orgánicas básicas en los adultos. Como resultado de esto se tiene pérdida de peso y se ve alterado el crecimiento vertical.
Entre los criterios diagnósticos del DSM-5 están:

• Rechazo de alimentos basados en características sensoriales (aspecto, color, olor, textura, sonidos al masticarlos).
• Trastorno no asociado a prácticas culturales o a falta de opciones y variedad.
• No se presenta concomitantemente con anorexia nervosa o bulimia nervosa.
• No se atribuye a alguna condición clínica o a otro trastorno mental.
• Se observan pérdida de peso significativa o fallo en alcanzar la ganancia de peso y aumento de talla esperados para la edad (en niños).
• Marcada interferencia con el funcionamiento psicosocial. Los afectados pueden ver alterado su rendimiento en la escuela o lugar de trabajo ya que necesitan más tiempo para lograr ingerir los alimentos.
• Se vuelven dependientes del uso de alimentación por sonda y/o de los suplementos nutricionales.
• Muestran deficiencias nutricionales marcadas.
Hay condiciones que aumentan el riesgo de padecer ARFID, tales como estar en el espectro autista, padecer de déficit de atención e hiperactividad, ansiedad generalizada y los niños en los que la fase de comedor quisquilloso no fue resuelta adecuadamente.
Deben estar atentos si su niño presenta pérdida de peso, dolor de estómago, alteraciones gastrointestinales, pérdida de energía o letargo. Podría ser algo más que mañoso o mal comedor y necesitar la ayuda de un equipo especializado para corregirlo. Esta columna es la sección educativa de la Sociedad Dominicana de Nutrición Clínica y Metabolismo. Escribe tus preguntas a: sodonuclim@gmail.com / @sodonuclim.

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